La reforma interna apunta a una gestión más transversal, selectiva y apoyada en datos e inteligencia artificial.
Un documento interno de trabajo de la Comisión Europea, al que ha tenido acceso FEUGA, ofrece una mirada poco habitual sobre cómo la propia institución analiza sus desafíos y plantea su evolución. En un contexto marcado por una creciente presión política, una mayor carga operativa y unas exigencias geopolíticas cada vez más complejas, el texto revela las líneas de reflexión que podrían orientar la reforma de su funcionamiento interno.
El texto, titulado “Large-scale review of the European Commission. Recommendations by the 15 workstreams”, está fechado el 13 de julio de 2026 y recoge recomendaciones de 15 grupos de trabajo como base para el informe final de la revisión a gran escala de la Comisión.
Según se señala en la carta introductoria de Piotr Serafin, comisario de Presupuesto, Lucha contra el Fraude y Administración Pública, más de 150 personas de la Comisión han participado desde noviembre de 2025 en esta revisión interna. El documento reúne cerca de un centenar de recomendaciones destinadas a reforzar el propósito y los valores de la institución, el liderazgo, la gestión del talento y la colaboración, así como el funcionamiento de las Direcciones Generales, las agencias y la presencia de la Comisión en los Estados miembros. También aborda ámbitos clave como la innovación, la inteligencia artificial, la simplificación administrativa, el cumplimiento normativo, la evaluación de impacto y la gestión financiera.
Para el ecosistema gallego de I+D+i, el interés reside en las implicaciones indirectas de esta reforma. La Comisión que resulte de este proceso será también la responsable de diseñar futuros programas, definir prioridades estratégicas, gestionar los instrumentos de financiación, evaluar resultados e impacto y dialogar con universidades, empresas, centros tecnológicos, administraciones y entidades de transferencia.
Una Comisión con más peso político.
El documento parte de una idea clara: el papel de la Comisión ha cambiado en las dos últimas décadas, al pasar de funciones administrativas y regulatorias más tradicionales a una posición más política y geopolítica, sobre todo en la coordinación de respuestas europeas ante crisis, emergencias y retos estratégicos (COVID-19, guerra en Ucrania, relación con actores internacionales, crisis económicas, por mencionar unas pocas).
Ese aumento de responsabilidades exige revisar estructuras, recursos y formas de trabajo. En ese punto aparece una de las expresiones centrales de la revisión: One Commission, una Comisión menos fragmentada, con menos silos entre Direcciones Generales y con una visión más compartida de sus prioridades.
El propio documento señala que, cuando falta un propósito común claro, el personal tiende a identificarse más con su DG o servicio que con la Comisión en su conjunto, lo que refuerza la rivalidad interna y limita la colaboración entre áreas.
Esta cuestión tiene consecuencias prácticas para quienes trabajamos con proyectos europeos. Muchas políticas comunitarias se mueven ya en zonas de cruce entre investigación, industria, clima, energía, digitalización, cohesión y competitividad, por lo que las propuestas tendrán que explicar mejor qué problema resuelven, qué actores conectan y en qué prioridad europea encajan.
Menos acumulación, más selección.
La revisión propone usar el propósito común de la Comisión para ordenar prioridades, presupuesto, asignación de personal y estructura organizativa, distinguiendo entre funciones esenciales, actividades heredadas que podrían dejar de ser centrales y prioridades emergentes que exigirán más capacidad, como defensa y seguridad, resiliencia social, innovación digital e inteligencia artificial.
Esta clasificación apunta a un cambio de fondo: la Comisión parece asumir que no podrá seguir acumulando tareas sin ordenar mejor sus recursos. En el bloque dedicado a discontinuación y de priorización, el documento señala que, entre enero de 2021 y junio de 2025, la Comisión justificó la necesidad de 1.666 personas a tiempo completo adicionales para 87 propuestas legislativas, mientras que los colegisladores concedieron solo el 9% de esos recursos.
IA, simplificación y nueva forma de trabajar
La inteligencia artificial ocupa un lugar relevante en el documento, que reconoce su entrada en el trabajo diario de la Comisión y plantea invertir en capacidades, herramientas e infraestructuras, formar al personal y crear una gobernanza interna alineada con la misión pública y los valores institucionales.
La propuesta más concreta habla de una plantilla aumentada con IA, en la que cada miembro del personal disponga de un AI Helper, un asistente integrado en los datos, sistemas y flujos de trabajo de la Comisión para apoyar búsquedas, análisis, borradores y gestión del conocimiento institucional, siempre con responsabilidad humana.
Este cambio puede afectar a todo el ciclo de los programas europeos, desde el diseño de políticas hasta la gestión, el seguimiento y la evaluación. Por eso ganarán peso la calidad del dato, la trazabilidad, la coherencia entre objetivos, actividades e indicadores, y la capacidad de explicar resultados de forma clara y verificable.
La simplificación aparece como el otro gran eje operativo. El documento describe procesos internos más pesados, herramientas solapadas, solicitudes duplicadas de información y más obligaciones de reporte y cumplimiento, y propone convertir la simplificación en una práctica continua de gestión.
Entre las medidas planteadas figuran acortar cadenas de validación, revisar informes recurrentes de bajo valor, crear canales para que el personal proponga simplificaciones, probar soluciones antes de escalarlas y aplicar enfoques basados en riesgo.
Para los beneficiarios de fondos europeos, una simplificación bien diseñada podría reducir cargas administrativas y evitar duplicidades. Pero también puede implicar un mayor énfasis en los resultados, un seguimiento más riguroso del impacto y menos margen para proyectos insuficientemente definidos. En ese sentido, simplificar de forma útil no significa pedir menos, sino pedir mejor: requisitos más claros, proporcionados y centrados en lo que realmente aporta valor.
Qué significa para Galicia
La revisión interna no cambia de inmediato las reglas de Horizonte Europa, Interreg, LIFE, Digital Europe o el futuro FP10, pero sí ofrece señales útiles sobre la dirección en la que se mueve la institución.
La primera es una mayor transversalidad. Si la Comisión quiere funcionar de forma más integrada, tendrán mejor lectura los proyectos capaces de conectar investigación, empresa, territorio, políticas públicas y capacidades sociales.
La segunda es una presencia creciente de la IA y de los datos en la gestión pública europea, lo que obligará a presentar propuestas más claras, más trazables y más sólidas en indicadores.
La tercera es una presión mayor por impacto, porque una Comisión que busca ordenar recursos y reducir actividades de bajo valor también prestará más atención a qué proyectos aportan resultados defendibles.
La cuarta es la importancia de anticipar conversaciones antes de que se conviertan en convocatorias, algo especialmente relevante para un ecosistema como el gallego, que necesita situar sus capacidades en agendas europeas cada vez más transversales.
Esto afecta de forma directa al papel de las entidades que acompañan proyectos europeos: Tareas como la redacción de propuestas, la preparación documental o ciertas tareas de gestión serán cada vez más automatizables. Tanto la IA como empresas con alta capacidad para invertir en herramientas propias ya están entrando en este espacio.
El valor diferencial hoy en día está en leer bien la agenda europea, entender las prioridades que están madurando dentro de la Comisión, traducir las capacidades del ecosistema gallego a ese lenguaje político y técnico, construir colaboraciones con sentido, y ayudar a que universidades, centros tecnológicos, empresas y administraciones lleguen mejor posicionados.
Aquí FEUGA tiene un papel que va más allá de la gestión de proyectos. Nuestro valor está en actuar como agente experto en transferencia, conexión europea y asesoramiento estratégico para el ecosistema gallego de I+D+i.
La oficina de FEUGA en Bruselas refuerza esa capacidad, porque permite seguir debates antes de que lleguen a los programas, contrastar enfoques con redes europeas y detectar cambios de lenguaje político antes de que lleguen formalmente a los programas de financiación.
La Comisión que viene
El documento interno muestra una Comisión consciente de sus límites y de sus tensiones: más tareas, recursos ajustados, necesidad de trabajar de forma más integrada, apuesta por la IA, simplificación de procesos y mayor orientación a resultados.
Para el ecosistema de financiación europeo a nivel gallego, significa que habrá que preparar proyectos más alineados con prioridades europeas reales, más fuertes en datos, más claros en impacto y más capaces de conectar áreas que antes podían trabajarse por separado.
La competición por fondos europeos seguirá siendo alta, y una parte de la diferencia estará en entender mejor hacia dónde se mueve la institución que diseña y gestiona esos fondos.